La adolescencia: factor influyente en el adulto

En la vida hay momentos de crisis más identificables que otros, para todas las personas uno de estos momentos y el más importante es el de la adolescencia ya que supone tanto fisiológica como psicológicamente una serie de cambios drásticos que pueden derivar en el padecimiento de trastornos de conducta adolescente.

Lo que puede variar son las reacciones que ante ellos tomamos y estas dependen de la personalidad del sujeto, de la actuación del entorno familiar, de los medios sociales y culturales en que se encuentre inmerso y que puedan incidentalmente afectar su psiquis que ya de por si en este período se encuentra bien vulnerable y propensa a ser afectada por condiciones externas negativas, tales como: si se trata de una persona equilibrada o no, si es una persona que va a poder afrontar la realidad de forma justa o equivocada, si va a vivir sus relaciones de forma normal o bien si va a ser todo lo contrario, todas estas disyuntivas van a iniciarse en esta etapa tan cambiante, donde no se podrá determinar, ni encaminar el sendero de la persona sin una adecuada mediación familiar que conlleve a una oportuna intervención psicológica.

La adolescencia puede provocar una crisis cuando representa el inicio o recrudecimiento que se puede desencadenar antes de tomar la decisión de la prevención de violencia en adolescentes, todo ello multiplicado infinitamente por las hormonas sexuales que se liberan en la pubertad y que determinan el comienzo de la vida sexual con todas las implicaciones psicológicas que esto genera y que hacen que las actitudes que fueron un foco incipiente en el principio y de consecuencias poco alarmantes, se conviertan en acciones claramente orientadas hacia los problemas de conducta juvenil por lo que la prevención de violencia en adolescentes es tan importante y los médicos hacen tanto hincapié en ello, este aspecto psicológico es importantísimo por ser  una de las vertientes más graves de los trastornos de conducta adolescente y es al que debemos prestar mayor cuidado a la hora de buscar atención psicológica.